Un barco en mitad del Canal de Suez

OPINIÓN

Por Francisco Lázaro

El naufragio del portacontenedores Ever Given en el Canal de Suez supone el tránsito a una nueva era del comercio mundial. ¿Por qué un incidente como este, que los ingenieros resolverán en el transcurso de unos pocos días, alcanza una resonancia tan grande? La impaciencia por liberar la arteria de tráfico marítimo más importante de la civilización moderna, junto con los 600 buques que esperan en ambos lados, son evidentemente parte del problema. A medio y largo plazo, sin embargo, hay consideraciones económicas y geopolíticas de mayor trascendencia. El siniestro retrasa vitales suministros de petróleo y gas natural. Aunque existen reservas suficientes para cubrir el período de los trabajos de reflotamiento del buque, muy pronto los mercados de derivados comenzarán a hacer de las suyas, con incrementos de precios que no reflejan la realidad, sino el pánico de los inversores y la codicia de los tiburones que especulan a la baja.

Además del suministro energético, el atasco de mercancías paraliza las cadenas de suministro en empresas industriales y comerciales de todo tipo: supermercados, plantas de montaje, instalaciones químicas, concesionarios de automóviles, etc. Aunque parezca difícil de creer, un solo barco atascado en mitad de un canal está produciendo en la economía mundial trastornos comparables al parón del Coronavirus durante los últimos meses. Desde hace tiempo se exteriorizan en la prensa y diversos foros económicos dudas acerca del actual modelo de globalización. Extender la deslocalización de industrias y sus redes de aprovisionamiento -materias primas, piezas y productos terminados- supone riesgos que durante muchos años pasaron desapercibidos, pero que inevitablemente habían de quedar al descubierto en el instante en que hubiese guerras, pandemias o accidentes absurdos en cualquiera de los numerosos cuellos de botella de la red mundial de rutas de tráfico.

En pocos días la situación en Suez habrá vuelto a la normalidad. Pero de cara al futuro habrá cambios. En adelante el vocabulario de la política comercial se habrá enriquecido con un nuevo anglicismo: «nearshoring», es decir, deslocalización de empresas y proveedores a zonas geográficas próximas y fácilmente accesibles, en contraposición al «offshoring» que encontraba factible mover la producción a cualquier lugar del mundo. Ello supone la reactivación de la tendencia a la formación de grandes bloques regionales típica del período de entreguerras del pasado siglo XX.

De este modo, y al margen de los posibles perjuicios causados por el retorno a políticas proteccionistas, se ganará en seguridad y estabilidad. Los canales de Suez y Panamá quedarán descongestionados, y se fomentarán el desarrollo económico y el bienestar en zonas hasta ahora orilladas por las rutas de la globalización como el Mahgreb, América Central, el Oriente Medio o Rusia. Será interesante asistir a lo largo de los próximos años a los cambios que todo esto puede suponer en los mercados financieros y en el moderno sistema de relaciones económicas internacionales.

FRANCISCO LÁZARO DOMÍNGUEZ
Intérprete Jurado de Alemán por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Es analista político y económico, colaborando en diversos medios de comunicación escritos.